Urología Pediátrica

La fimosis es un cuadro caracterizado por la imposibilidad para retraer el prepucio y descubrir el glande. Es fisiológica hasta los 3 años. La incidencia de fimosis a los 6-7 años es del 8% y a los 16 años del 1%. Su tratamiento inicial suele ser tópico mediante corticoides. Si no han respondido a ella o existiera una indicación absoluta o preferencia familiar, se realiza la circuncisión. Esta cirugía consiste en la resección de un manguito del prepucio. Existen otras opciones como la circuncisión parcial en la que se conserva el prepucio, realizando una incisión mínima en el anillo fimótico preservándose de este modo el prepucio.
El pene enterrado es un pene de tamaño normal que, debido a una anomalía en la fijación de una de sus capas, queda camuflado por un cojín de grasa suprapúbica. Esta situación poco estética, puede favorecer las infecciones como la balanitis y dificultar la proyección de la micción. Su cirugía consiste en la fijación de las capas del pene a planos profundos, siendo a veces necesario realizar una liposucción del cojín suprapúbico.
El pene palmeado aparece cuando la piel escrotal se extiende hacia la cara inferior del pene, incluso hasta el surco balanoprepucial. Puede ser congénito o aparecer tras una cirugía de pene. La cirugía reparadora consiste en realizar unas incisiones en el escroto con posterior sutura que mejoran el aspecto cosmético y funcional del pene.
La curvatura congénita peneana puede ser ventral, dorsal o lateral, y cuando aparece de modo aislado suele ser lateral y tiene una incidencia del 0,6%. Es congénita y la teoría más aceptada es la desproporción de los cuerpos cavernosos. Frecuentemente no se reconoce hasta el final de la infancia porque la apariencia del pene es normal, solo se observa la curvatura durante las erecciones. No siempre precisa de cirugía reparadora, se decide según su grado de afectación. La cirugía principalmente consiste en realizar unos puntos (plicaturas) para compensar la desviación penenana.
Durante el descenso testicular a partir del tercer mes, los testículos arrastran una lengüeta de peritoneo que al llegar al escroto se oblitera. Una alteración en esta obliteración dará lugar a una persistencia del conducto peritoneo vaginal, pudiendo existir líquido que fluye libremente del abdomen al escroto (hidrocele comunicante). Esta persistencia está presente en el 5% de los neonatos. Puede existir un retraso en la obliteración hasta los 2 años, pero persistir el líquido (hidrocele simple). La importancia de su corrección es el riesgo de herniación de asas intestinales. Su cirugía se realiza mediante un abordaje inguinal y se libera la lengüeta de peritoneo y se cierra el orificio peritoneal.
Desde el tercer mes de gestación el testículo inicia su descenso desde el retroperitoneo pasando por el canal inguinal hasta finalmente llegar al escroto. El testículo que no ha realizado una migración completa y se halla fuera de la bolsa escrotal, en un punto de su trayecto fisiológico es un teste criptorquídico. Entre en 2-5% de los recién nacidos a término y hasta el 30% de los prematuros presentan criptorquidia. Dado su incremento del riesgo a malignizar y afectación de la fertilidad, está justificada su terapéutica. En caso de tratarse de un testículo palpable su abordaje será por la ingle, liberando al testículo y fijándolo en la bolsa escrotal. En caso de tratarse de un testículo no papable, si no se localiza el testículo a nivel inguinal se realizará una cirugía laparoscópica exploradora para localizar y descender el testículo o descartar su presencia.